Thursday, May 25, 2006

Las fotos, ché...

Lo prometido es deuda: Las fotos del vuelo de la Estrella por Buenos Aires. No están todas las que son ni son todas las que están pero igual... Enjoy!

Clara, de Argentina, y Claudia, de Colombia, en el C.C. Borges

Phillipe, el italiano máster en enrolar, tomando el tradicional mate.

Los dos synth-players de Ultratango

Violinista de Ultratango en acción.

"Perseguiré los rastros de este afán, como busca el agua a la sed, la estela de tu perfume". Bandoneón típico argentino en plena interpretación.

Mi mesa en el Smoke Bar del aeropuerto de Lima.

El salón del Hotel Marriott de Buenos Aires, luego de la gran fiesta.

Luminarias trip del Smoke Bar.

Una 'mina' parada afuera del Kilkenny, un 'pub' irlandés increíble.

Frescos pintados a mano en el cielo raso de Galerías Pacífico, un edificio histórico convertido en centro comercial y cultural.

Pabellón de la Feria del Libro, el paraíso de la literatura.

Otro pabellón de la Feria del Libro

Cúpula del Centro Cultural Borges, sede del Festival Iberoamericano de Publicidad

Thursday, May 18, 2006

Exijo una explicación... pues aquí está

El viaje a Buenos Aires había resultado espectacular. Luego de un periplo tranquilo y sin mayores contratiempos, la Estrella arribó a la capital argentina y sus tripulantes se regodearon en el descubrimiento de esas tierras lejanas. Navegando por una súper-highway perfecta, sin agujeros negros ni asteroides de ningún tipo, arribamos al centro de la ciudad desde Ezeiza, una de las ciudades aledañas que componen el Gran Buenos Aires. Calles largas y desiertas (bordeaban las 04h30) en una ciudad luminosa como estrella fugaz, y que pese a ser lunes de madrugada seguía en pie como dispuesta a no dar tregua al sueño. Inspirado con esa sensación, dejamos a unos compañeros de vuelo en su estación de reposo y entablé animada tertulia con el guía espacial que dirigiría a la Estrella hacia la suya. Habiendo recibiendo información urbana vital para el desempeño del periplo (como por ejemplo, dónde comer los mejores choripanes y qué zonas evitar para no ser asaltado), arribé al Hotel Concorde. No le hacía mucho honor a su nombre en cuanto a la rapidez con que me hicieron el chequeo previo, mientras yo me cabeceaba en frente del mostrador. La estación de reposo más bien pequeña para el tamaño de la Estrella, y el camarote de descanso me quedó debiendo por lo menos unos 20 centímetros, por lo que tocó adoptar posición fetal para dormir.

El mismo día a las 12h00, ya recuperado del ‘jet-lag’, procedí a encontrarme con mi contacto en Buenos Aires, una amiga que estudia cine allá y que es súper trip. Tenía que salir estafado por un taxista, y fue la primera vez que tomaba uno de ellos: pagué $12 por una carrera de 12 pesos (3 pesos = $1, saquen el cálculo), pero si no me pasaba no había viaje, la verdad. Ya en el departamento de mi amiga me recibieron con una deliciosa torta helada de dulce de leche, bizcocho y mucha, pero mucha ‘ganja’. Conocí a los habitantes del lugar, un italiano con una cara de chiflado única y con una habilidad igualmente única para enrolar cigarros (u otras hierbas); un quiteño que sufre de bipolaridad (hasta ahora no comprendí su estado mental, pero no me cayó mal), una colombiana calladita pero simpática y luego llegaría una argentina jovencita que me acolitaría en el festival publicitario que tenía que cubrir periodísticamente.

Me recibieron también unas espectaculares botellas de cerveza Brahma, Quilmes y Isenbeck de tamaño litro, tapa rosca, que las convertí en mis “personales” y me hicieron tortear de golpe. Eso, más el atracón de torta ‘ganja’, me puso en buena órbita para ser mi primer día en Buenos Aires. En la noche tuve un brindis de inauguración del Festival (al que obviamente fui con un chuchaqui demoledor), pero igual comí y bebí de todo lo que ofrecieron. Animaba el evento una banda de tecno-tango que yo inmediatamente vinculé con Bajo Fondo Tango Club, pero ni yo ni mi compañera los reconocíamos. Al final de su show nos acercamos envalentonados con las bielas y les preguntamos, pero en realidad eran ‘Ultratango’ y se ofendieron cuando los confundí con Bajo Fondo. Sin embargo, se hicieron los locos y se nos unieron en una animada francachela. Bebí de más, y todos sabemos lo que eso significa: conversaciones con personajes desconocidos, cambio de nacionalidad (una señora me invitó a su sinagoga al nombrarme judío, y otro me habló de conflictos terroristas al llamarme libanés), mi irresistible cleptomanía (tengo 4 ceniceros y dos porta-trípticos del hotel), y mi ‘caretuquez’ con el tema de las sustancias. Nos fuimos a otro bar, no entramos, bebí Isenbeck en la calle con desconocidos, fuimos a otro bar, salí tropezándome y terminé en un taxi que llegó milagrosamente a la dirección que le di balbuceando.

Día siguiente, chuchaqui doble en las rocas. Ya tocaba trabajar, así que desayuné temprano dos jarras y media de jugo de naranja y cereales con leche. Luego acudí somnoliento al Centro Cultural Borges, lugar donde se realizaría el evento en su mayoría, y me perdí invariablemente, pero llegando a lugares turísticos como la Casa Rosada (la están repintando de rosadito niña), un banco que no sé cómo se llama pero es muy viejo, la famosa calle Corrientes, la aún más famosa calle Florida, y dando vueltas y vueltas llegué al Borges. El evento aburrido, así que la Estrella no los va a agobiar con los detalles de los días consiguientes, porque todos giraron en torno al Festival publicitario. Lo destacado fue la visita a la Feria del Libro, el evento literario más impresionante al que haya asistido jamás (no he asistido a muchos, creo que a ninguno, pero fue impactante), con libros para todos los gustos y nacionalidades y verdaderas joyas de la literatura que jamás pensé encontrar. Luego, las farras eran en torno al festival este, y no valen la pena porque eran siempre lo mismo: gente fachosa de muchos lugares peleándose por un vaso de trago en una atestada barra y nada más. La última sí fue espectacular, el viernes en la discoteca Mint, un sitio imperdible para todo raver que visite Buenos Aires. Tres DJ’s en las mesas, sonidos espectaculares, un espacio enorme y adecuado para un trip excelente… lo malo fue que no aceptaban dólares, y don Huevas no cargaba (literalmente) ni un peso. Así, sin poder beber, las ganas de diversión murieron de a poco y terminé en mi hotel a las 03h00 con un cabreo y una pica del tamaño del Obelisco.

El último día caminé como peregrino y recorrí de cabo a rabo toda la feria artesanal de Recoleta (imperdible, me encontré ‘parcheros’ que conocían Quito, Cuenca, Guayaquil y Montañita), toda los ‘outlets’ o lugares de ropa barata como la Bond Street, el lugar más trip donde comprar ropa, parafernalia psicodélica, pósters, pipas, rolling-papers, tatuajes, gafas, encendedores, de todo; luego deambulé sin rumbo por toda la Corrientes, para morir en el enorme Obelisco que me daba la despedida, mientras pugnaba por cargar todas las compras realizadas. Mis últimas cervezas y mi primer mate (irónico) en casa de mi amiga, la triste despedida y el chuchaqui mientras hacía lo más odioso de todos los viajes: el arreglar las maletas. A las 04h00 me recogió una van que me despidió de esa maravillosa ciudad, a la que prometí volver como un marino a su mujer en puerto.

Y… ni bien la Estrella llegó a Guayaquil, dos catástrofes: pagando los $11.20 que cobra TV Cable por los partidos de fútbol, contrato el Clásico en que se armó el cojeculo fenomenal y que fue paralizado al minuto 56, y luego, al bajar a ver unas chelas para pasar el trago amargo, sufro un resbalón que me propinó un terrible golpe en la espalda baja, afectándome el coxis y el motivo por el cual la Estrella interrumpió abruptamente sus normales emisiones. Ahora sí, todo queda explicado…

Keep Trip.

P.D.: Esperen fotos próximamente.

Wednesday, May 10, 2006

En el vórtice de un agujero negro...

Mis estimados y estimadas, haciendo uso de una arriesgada maniobra evasiva, la Estrella logró finalmente ser expelida del confuso y psicodélico agujero negro donde se encontraba. Lastimosamente, el reactor trasero de la maquinaria se vio seriamente afectado por una colisión imprevista contra un asteroide espacial; esto ha motivado la sentida ausencia de su servidor, quien debate en el Taller Galáctico de Hormidas, transa precios, consulta baratijas y anuncia descuentos para reparar en su totalidad a la Estrella y ponerla nuevamente en circulación. Mis sentidas disculpas a los queridos Visitantes, pero como decía Porky: "Pronto volveremos con...más diversiones".
Sigan mirando al Cielo, no teman que los cague un pájaro, je.
Keep Trip